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De Regreso a Casa

ensayo relato

De regreso a casa, tardé más de la cuenta.

Leyendo una novela de Zambra caminaba con cuidado. Caminé por el camino de siempre para no tener que pensar en que caminaba. Leía a un ritmo reconcentrado. Por momentos caminaba sobre la calle España, Las Heras, Libertador San Martín. O caminaba dentro de la historia, en las calles de otro país, como el poema de Pessoa, a la luz de la luna y del sueño en la carretera desierta, solitario, casi despacio y un poco, me parece, o me esfuerzo un poco para que me lo parezca, que sigo por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo… sin tener que dejar nada y sin tener que llegar a ninguna parte, por calles que me son familiares y más cercanas, giros y pasos sin pensar.

Podría volver desde cualquier lugar, no importa que tan lejos, el sentido de orientación me guiaría sin fallar, solo tendría que dejar de pensar y vagabundear para tarde o temprano abrir una reja, que estoy abriendo, que he abierto cientos de veces. Y luego caminar por un pasillo que desemboca en un patio abierto, girar una vez a la derecha con la novela en los ojos, levantar un pie donde supongo que hay un escalón, abrir la puerta de lo que se supone es mi hogar; por un segundo pienso en cerrar la puerta, ya casi es de noche y está haciendo frío, pero inmediatamente doy un paso adentro y me olvido.

Percibo con la periferia que todo es un gran desorden; mirá que mugre, diría mi madre; avanzo hacia donde está la cama sin mirar, esquivo sillas y pilas de ropa sucia con el radar de un murciélago, me dejo caer con la novela en la novela, adentro de algo que está a mitad de camino de otra cosa. No sé que es, tal vez lo entienda más tarde cuando cierre un momento el libro y luego cierre un momento los ojos y espere por mí, un poco atrás, al llegar.