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Trabajo en Conjunto

J y F se conocen desde la universidad aunque dejaron de verse hace tiempo. Solían reunirse en el departamento de F cuando eran jóvenes, exclusivamente a escribir, hasta que la cosa poco a poco fue derivando en algo más que una afición. Habían noches en las que no dormían, intentándolo todo. Escribieron aforismos, poemas, antipoemas, cuentos para niños, cuentos para adultos, hasta probaron escribiendo una novela interactiva, donde el lector o lectora podía elegir los pasos del personaje principal, que dicho sea de paso, era un collage de las virtudes de F y las excentricidades de J, con la anomalía que siempre, a pesar de los intentos que hacían como autores, dicho personaje se las arreglaba para nunca quedarse con la chica o el chico (dependiendo de la versión) o en el mejor de los casos, cuando el protagonista parecía tener una oportunidad, moría en un accidente automovilístico. Pero las cosas nunca alcanzaban a tener vuelo propio y poco a poco, sin notarlo o sin hacer nada para evitarlo, dejaron de intentarlo.

Una tarde, después de muchos años de que abandonaran la universidad y dejaran de verse, J estaba mirando el reloj de su oficina y recibe una llamada.

Sin venir a cuenta de nada, es F, que desde es el otro lado de la línea, como si no hubiera pasado el tiempo, dice que descubrió que estaban haciendo mal (¡no pueden fallar!). J no sabe que responder, apenas le habían llegado algunas noticias de F, apenas le parece haber oído alguna vez sobre una intervención psiquiátrica, pero ni siquiera se tomó el trabajo de averiguar si era cierto. J sentía, o decía que sentía, cuando le hablaban de F, como si le hablaran de alguien que había conocido en un tiempo muy remoto, que la conocía, por ejemplo, de los primeros años del secundario y que por algún motivo, que nadie supo con exactitud, tal vez una intervención psiquiátrica, se hubiera tenido que cambiar de colegio y ya nunca más supieron de ella.

Después de una pausa, sin embargo, J dice que ya no escribe. En esto no podemos fallar dice F. J se queda en silencio al teléfono y mira otra vez el reloj de pared de la oficina. Falta una hora. Lo he descubierto, dice F. J suspira y la llamada vuelve a quedar en silencio, y sin venir a cuenta J dice que odia su trabajo, y luego pregunta a F dónde está viviendo, que después de la oficina tiene tiempo. F le dice que todavía vive donde siempre y que aún guarda todo lo que escribieron y sabe exactamente en que fallaron. Entonces a J se le encienden algunas alarmas y sospecha que F está completamente desquiciada. Solo iré si me dices de qué se trata. F le dice que en realidad, está todo más que claro, hemos tratado de escribir cuentos, postales, novelas interactivas, pero en el fondo todo se trataba de una cosa, nos la hemos pasado escribiendo un guión de cine, ahora necesitamos hacerlo bien. J no tiene ni la más absoluta idea de lo que está diciendo F. Pero observa de nuevo a su alrededor, a sus compañeros diarios, y comprende que tiene un trabajo de mierd* y que no puede esperar a que las agujas marquen las 18hs para salir corriendo de allí.

J llega al edificio de F y sube por unas escaleras de limpieza dudosa. Mientras sube inspecciona el lugar con una sonrisa melancólica, ha subido miles de veces antes. Apenas se encuentran y F empieza a explicar su teoría.

La idea hace agua por todas partes. Sin embargo, J parece sentirse feliz, aunque poco a poco, lo sabe, una sensación de angustia la invadirá, pero ya es tarde y no desea volver a su casa.

F da muchas vueltas, J asiente a casi todo con la cabeza, aunque no entiende nada, aún está llegando a ese lugar. Se ubican alrededor de una mesa redonda de madera, como lo hicieron hace muchos años. Y comienzan a producir un guión de cine.

Después de unas 4 o 5 horas frente al resplandor del monitor de sus notebooks, J se da cuenta que solo han estado sentadas. Escriben, sí, escriben. Parecen verdaderas guionistas frente a sus notebooks, sí, lo parecen. Pero no está ocurriendo nada extraordinario. Y algo más, jamás miran, ni siquiera espían, lo que está haciendo la otra. J se empieza a poner nerviosa y sale hasta el balcón, enciende un cigarrillo y se lo fuma a pitadas largas, enseguida enciende otro y luego otro más. Camina pensando con la mirada perdida en el piso hasta que levanta su cabeza y mira hacia el interior del departamento.

En paralelo F miraba a J que fumaba un cigarrillo tras otro como una loca, hasta que levantó la cabeza, miró hacia el interior he hicieron contacto visual pero F bajó la mirada de inmediato y se ha puesto a escribir, o a tratar de escribir, o a simular que está escribiendo. J a zancadas largas (J es una persona muy alta y sus zancadas son largas), camina hacia el interior, deja su cigarrillo en un cenicero que está sobre la mesa y se aproxima. F finge estar concentrada. Después de un momento, donde la escena a permanecido congelada con J de pie, junto a F que no levanta la mirada pero ha dejado sus dedos estáticos sobre las teclas. F pregunta qué pasa, pero antes de que termine la pregunta, J cierra la notebook rápidamente sobre los dedos de F. Y F da un alarido de dolor pero J abre y cierra nuevamente la notebook, aplastándole repetidamente los dedos, hasta que F ha logrado sacar sus manos, pero a contra respuesta J la ha tomado del cabello y ha puesto su cabeza sobre el teclado y ahora es su cara la que aplasta.

Después de algunos minutos, las manos de F y su PC quedan inutilizables.

J toma con tranquilidad el cigarrillo que había dejado en el cenicero y acomoda displicentemente su falda. Da unas pitadas largas. Se sienta frente a su computadora. F observa sus manos lastimadas. J fuma de nuevo y mira el humo de su cigarrillo mientras se desvanece. F se levanta. J no la mira. Está bien, dice F y comienza a dictar lo que parecen partes de un diálogo. J suelta el cigarrillo y comienza a escribir energúmenamente, añadiendo algunas cosas de cosecha propia, en una cadena de ideas que hilvanan una tras otras como si hubieran estado allí esperando a ser descubiertas. Y después de toda una noche de incansable trabajo, ambas tienen esta revelación: han compuesto el más grande guión que jamás se haya escrito.

Y por un momento, solo un momento muy pequeño, cuando ambas ponían sus caras frente a la pantalla para ver todo eso que habían parido durante una especie de éxtasis, muy similar al que dicen, accedían algunos oráculos en antaño y decidían el futuro de naciones enteras, se miraron con algo de codicia, e hicieron un risita corta, que terminó tan rápido como empezó, como si dijeran que sería una estupidez hacer una estupidez en ese momento. Por qué no salimos a tomar algo, dice F. Me parece una buena idea, dice J que cierra su notebook y la pone bajo su brazo, tal vez pensando que F quiere que deje el guión en su departamento. Te espero en el Peugeot, dice J. Vamos a un bar que está aquí cerca, dice F, pensando que J podría escapar con el guión en su Peugeot. J se ríe. F se ríe. Está bien dice J, no es mala idea.

No encuentran nada abierto, hasta que descubren, tal vez el único antro abierto a esa hora. Pensé que había algo más cerca, dice J. En mi cabeza había algo mucho más cerca, dice F. Ninguna de las dos ha estado allí antes, el ambiente huele a drogas y ha prostitución. A J le recuerda una película de sexo gore. Cómo se llamaba esa película. A serbiam film, dice F inmediatamente, como si hubiera tenido el mismo pensamiento. Piden una cerveza y tratan de repasar como sucedió todo anoche. J dice como al pasar, que se dio cuenta que F, deliberadamente, trataba de llevar el libreto hacia callejones sin salida. Entonces F le recordaba, que repetidamente le quemó los brazos con cigarrillos. Y luego ambas reían brevemente.

Cuando se acercaba el medio día, la noche del cansancio les ensombreció la cara, cada vez más parecidas a ese tugurio en donde habían entrado. Y comenzaron a hablar de sus vidas, de cosas cotidianas, hasta desplazar casi por completo el tema del libreto y solo hablar de sus vidas, y luego de viejos amores, que a veces solían ver en algunos lugares comunes, pero que en ningún caso conservaban la magia o la ilusión de la magia, que alguna vez representaron. J dijo que todo parecía estar gastado en su vida, todo es una película gore demasiadas veces vista, una resaca sin la fiesta, una mierda, dijo, y luego dijo que ahora era feliz por haber decidido ir a su departamento y haber escrito el mejor guión que se pudiera escribir alguna vez, podría refregárselo en la cara a unas cuantas tontas, dijo, y se recostó satisfecha sobre el respaldar de su silla. Entonces F le preguntó si guardó el archivo o simplemente cerró la pc apurada para no dejarla en el departamento. J parece salir de un sueño:

_ Qué -pregunta.

_ Si guardaste.

_ Claro que guardé.

_ No te vi cuando guardaste.

_ A lo mejor no lo viste porque estabas pensando en traerme a este lugar de mierda -dice J mientras se enciende un cigarrilo.

_ Quería algo a tono con los fracasos de tu vida -responde F.

_ ¿Querés que te rompa de nuevo la cara?

_ Y, fíjate, a lo mejor te dicto otra vez la mejor cosa que vas a escribir en tu vida.

_ Ah, mirá vos… yo sabía que al final ibas a salir con una estupidez así.

Y F levanta las cejas en señal de desdén. Y J le tira la cerveza en la cara. F se ha puesto de pie y se mira toda empapada con los ojos y la boca bien abiertos. Vamos afuera dice J, mostrándole un puño cerrado. Cuando quieras dice F. Y salen. Una vez afuera, la cosa oscila entre lo infantil y la imitación de una pelea de lucha libre televisada. Después de muchos esfuerzos inútiles, ambas se dan por vencidas, aunque ni siquiera han tirado un golpe.

Completamente borrachas, el dueño del bar les pide que se vayan cuando tratan de ingresar otra vez. Cosa que no les causó mucho pesar, pues F había comenzado a tener hambre y a J la deprimía el lugar. Entonces se marchan sin decir nada. F le pregunta si no piensa buscar la computadora. J le dice que no, que no guardó el archivo y no le quedaba nada de batería. Ah, dice F y esboza una sonrisa. Creo que lo nuestro es la radio. Vos creés, dice J. Está claro que sí. Y mientras se alejan bajo la sombra del arbolado público, puede verse como F hace muchos ademanes y explica su nueva teoría.

FIN.